Proxecto para crear biocombustibles a partir de biomasa

Technology Solutions for Sustainability de Abengoa está participando nun proxecto para producir un biocombustible derivado de biomasa que é compatible cos motores de combustión actuais.

O proxecto consiste en desarrollar unha planta piloto que permita xerar biocombustibles de segunda xeración mediante unha nova tecnoloxía e que teña propiedades similares aos combustibles derivados do petróleo.

O resultado é un biocombustible moi parecido as mezclas tipo gasolina, como o queroseno ou o diésel e que se podría incorporar directamente aos actuais motores de combustión, sen necesidade de realizar ningunha adaptación nos mesmos.

Este proxecto forma parte dun amplo programa de investigación que Abengoa desarrolla para producir biocombustibles a partir de fontes renovables. Algúns destes programas materializáronse en proxectos como a producción de biocombustibles a partir de residuos agrícolas e de residuos sólidos urbanos, nos que Abengoa leva moito tempo traballando.

A iniciativa foi respaldada polo Ministerio de Economía e Competitividad que lle otorgou financiación a través do programa ‘Impacto’, que promove a cooperación entre organismos de investigación e empresas para o desarrollo de proxectos de  I+D+i.

Enlace: http://www.ecoticias.com/biocombustibles/75434/Biocombustibles-coches-apartir-biomasa

 

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2 Responses to Proxecto para crear biocombustibles a partir de biomasa

  1. Alejandro Juárez di:

    Un biocombustible es una mezcla de hidrocarburos que se utiliza como combustible en los motores de combustión interna y que deriva de la biomasa, materia orgánica originada en un proceso biológico, espontáneo o provocado, utilizable como fuente de energía.

    Muchos vehículos utilizan biocombustibles a base de metanol y etanol mezclado con gasolina. Se puede obtener etanol a partir de la caña de azúcar, de la remolacha o el maíz. En algunos países como la India y la China producen biogás a partir de la fermentación natural de desechos orgánicos (excrementos de animales y residuos vegetales).

    Entre los biocombustibles alternativos en los que se trabaja, figura la gasolina “verde”, que es obtenible mediante procesos como el reformado en fase acuosa. Estos procesos están generando un gran interés en la comunidad académica y en la industrial, porque permiten obtener un producto compatible con la infraestructura existente, más cercano a los combustibles actuales en su rendimiento energético neto que muchas otras alternativas, y, lo que es más importante, el producto puede ser producido a partir de vegetales que crecen en suelos marginales, como las malas hierbas, o a partir de desechos agrícolas.

    Los mayores inconvenientes de estos productos es la utilización de cultivos de vegetales comestibles (sirva como ejemplo el maíz o la caña de azúcar); o el cambio de uso de tierras dedicadas a la alimentación al cultivo de vegetales destinados a producir biocombustibles, provocando en otras ocasiones la desforestación o desecación de terrenos vírgenes o selváticos, ya que al subir los precios se financia la tala de bosques nativos.

    Tanto en el balance de emisiones como en el balance de energía útil si la materia prima empleada procede de residuos, estos combustibles colaboran al reciclaje. Pero es necesario considerar si la producción de combustibles es el mejor uso posible para un residuo concreto. Si la materia prima empleada procede de cultivos, hay que considerar si éste es el mejor uso posible del suelo frente a otras alternativas (cultivos alimentarios, reforestación, etc.). Esta consideración depende sobre manera de las circunstancias concretas de cada territorio.

  2. Lorena Heredia di:

    Siguiendo caminos diferentes, dos equipos de investigación han acabado logrando convertir con éxito al azúcar, potencialmente derivado de desechos agrícolas y de vegetales no aptos para comer, en gasolina, diesel, combustible para aviones y una amplia gama de otros productos químicos valiosos.

    El ingeniero químico Randy Cortright y sus colegas en Virent Energy Systems de Madison, Wisconsin, EE.UU., y el otro equipo de investigadores dirigidos por el ingeniero químico James Dumesic de la Universidad de Wisconsin, campus de Madison, han comprobado que hay un modo viable por el cual los azúcares y los carbohidratos pueden ser procesados como el petróleo para obtener de ellos todo un conjunto de productos útiles para la industria de los combustibles, la farmacéutica y la química.

    La clave para este extraordinario avance es un proceso desarrollado tanto por Dumesic como por Cortright, llamado reformado en fase acuosa. Al hacer pasar una disolución acuosa de azúcar y carbohidratos derivados de vegetales sobre una serie de catalizadores (materiales que aceleran las reacciones químicas sin consumirse ellos mismos en el proceso), las moléculas orgánicas, ricas en carbono, se dividen en componentes que se recombinan para formar muchos de los compuestos que son extraídos del petróleo, un recurso no renovable.

    Según Dumesic, un aspecto decisivo en este enfoque es que entre el azúcar o los materiales amiláceos de partida y los productos finales hidrocarbonados, los compuestos químicos pasan a través de un estado intermedio como una mezcla orgánica líquida integrada por compuestos funcionales.

    Los compuestos intermedios retienen el 95 por ciento de la energía de la biomasa, pero sólo cerca del 40 por ciento de la masa, y pueden ser transformados en diferentes tipos de combustibles para el transporte, como gasolina, diesel y combustible para aviación. Y, algo que resulta muy importante, la formación de este aceite funcional intermedio no requiere una fuente externa de hidrógeno, dado que se emplea el que ya contienen los productos de partida.

    Entre los biocombustibles alternativos de segunda generación en los que se trabaja, figura la gasolina “verde”, que es obtenible mediante procesos como el reformado en fase acuosa. Estos procesos están generando un gran interés en la comunidad académica y en la industrial, porque permiten obtener un producto compatible con la infraestructura existente, más cercano a los combustibles actuales en su rendimiento energético neto que muchas otras alternativas, y, lo que es más importante, el producto puede ser producido a partir de vegetales que crecen en suelos marginales, como las malas hierbas, o a partir de desechos agrícolas.

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